Beneficiosa para el sistema nervioso y digestivo, la lechuga es uno de los de los alimentos más ricos en agua (94,9%). Sin embargo, el nivel relativamente alto de proteínas (1,62%) que proporciona es sorprendente, ya que es sólo algo inferior a la patata (2,07%). Es una fuente muy pobre de hidratos de carbono (0,67%) y grasas (0,2%).
Los antiguos romanos comían lechuga por la noche para propiciar el sueño tras una cena excesiva. En la estresada vida actual, los consumidores se pueden beneficiar de su efecto relajante y sustituir una copiosa cena por una riquísima ensalada. Esta es la mejor manera de disfrutar de su dulce y agradable sabor, aliñada simplemente con un poco de aceite (preferiblemente de oliva) y, tal vez, unas gotas de zumo de limón.
Entre sus vitaminas, destacan el ácido fólico, la vitamina C y la provitamina A (beta-carotenos). Además, al consumirse generalmente en forma cruda (ensalada) se evitan las pérdidas de nutrientes durante el cocinado.
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